El gesto en el significado de Virabhadrasana

Cuando armamos la postura del guerrero o Virabhadrasana ponemos énfasis en sentir que podemos atravesar las dificultades a través de la estabilidad, encontrar el poder para luchar desde la solidez interior. No sabemos si el gesto indica la postura o la postura indica el gesto, es como el huevo y la gallina: indeterminable. Lo cierto es que en esta postura el gesto indica que para ganar esta batalla es importante desenvolvernos con certeza, equilibrio y concentración antes de avanzar en contra del enemigo. Y lo más curioso es que el enemigo esta afuera y esta adentro, como cuenta la mitología hindú, entendida, por supuesto,desde la mirada occidental .

Me encanta esta leyenda porque tiene que ver con lo más difícil a lo que tenemos que enfrentarnos los mortales de cualquier estrato social, creencia religiosa, género o condición física. ¿Quién no tiene que pelear contra su desazón al sentirse dañado injustamente? ¿Quién no estalla en llamas cuando se daña a un ser querido o más aun, a su amor propio? ¿No creemos que es fundamental respetar nuestros principios y cuando suenan verosimiles y si nos han dado buenos resultados o, por lo menos, si encontramos la forma de adaptarnos a sus consecuencias? Todas y todos vivimos lo que para nosotros es correcto o bienaventurado -aunque creemos que aceptarnos equivocados también es bienaventuranza- y queremos hacer lo mejor, o lo intentamos fervientemente muchos y muchas.

Pero no podemos negar que todas las vidas son diferentes en este proyecto y que hay miles de formas, y que lo diferente, primero nos suena amenazante por lo menos en el 50% de los casos. Lo que compartimos inequívocamente al 100%, pensemos lo que pensemos, son nuestras emociones, la ira, el orgullo, el dogmatismo, la impulsividad. Ellos son los protagonistas de esta historia…

Este relato proviene de un poema épico de Kalidasa el más famoso autor de la literatura clásica india, llamado Kumara Sambhava que se estima nació alrededor del año 400 d.C., y que, en en palabras de los estudiosos de la antigüedad Hindu tendría las siguientes características:

A lo largo de sus ocho cantos van desfilando los sucesos que conducen a la unión de Śiva y Pārvatī, dos de las más importantes deidades del panteón hindú; el fruto de esta unión habrá de ser Kumāra, el futuro dios de la guerra que logrará derrocar la tiranía del demonio Tāraka. La descripción del Himālaya y de su hija Pārvatī (canto I) dan paso a la asamblea de los dioses —que acuden a Brahmā apesadumbrados por el dominio del malvado demonio— (II), la quema del dios del Amor por haber perturbado la profunda ascesis de Śiva (III), el lamento de Rati, la esposa de Kāma (IV), el severo ascetismo de Pārvatī, que consigue ablandar el espíritu de Śiva (V), la petición de mano (VI), la ceremonia nupcial entre ambos dioses, celebrada en la capital del Himālaya (VII), y finalmente el goce de los placeres sensuales a que se entregan los recién casados, que contemplan la puesta de sol y la llegada de la noche (VIII). Con el elaborado estilo de la poesía kāvya, en el que la ornamentación y el virtuosismo formal predominan sobre el hilo conductor de la narración, Kālidāsa despliega su arte descriptivo a lo largo de 614 estrofas que reflejan los más variados aspectos de la vida y la cultura de la India clásica: teología, naturaleza, mortificación ascética, erotismo... Pero la verdadera protagonista del relato es la joven diosa Pārvatī, la “hija de la Montaña”, la diosa Madre que personifica la tierra y la fertilidad; el poeta refleja en ella toda la ternura y profundidad del alma femenina, en un retrato similar al de Śakuntalā. (1)


En los versos que aluden a Virabhadra se cuenta que Sati, la hija del respetado rey Daksha contrajo matrimonio con el dios Shiva. Este rey era ampliamente aclamado porque había logrado el bienestar de su pueblo respaldándose en las tradiciones; estaba todo controlado bajo su mandato y funcionaba muy bien con sus preceptos y sus reglas. Pero Shiva proponía todo lo contrario a Daksha: parecía raro, siempre andaba andrajoso con sus rastas desprolijas en el cabello y meditando en los cementerios; colgaban cráneos de su cuerpo y su escasa vestidura tenía un halo de misterio indescifrable que alimentaba con sus hábitos de ermitaño y su extraño poder transformador y destructor.

Fue por ello que cuando contrajo matrimonio con Sati tomaron ambos distancia del reinado de Daksha y se fueron a vivir a Bhoga, la ciudad del placer -aquí fantaseo con que Bhoga , haya existido o no, es ese lugar hermoso donde se comparte el amor de pareja, más que lugar ese espacio en nuestra vida que queda irremediablemente registrado a modo geográfico por el placer y la complicidad con el otro, ese sitio que se revela al festejar de a dos el ser; pero es solo una apreciación “a los extraños ojos occidentales” como diría un historiador - .

La sangre no es agua dice el dicho;aparentemente nuestras raíces no pueden ser cortadas sin consecuencias. Entonces se dice que este rey estaba bastante en desacuerdo con esa Unión y parece que la felicidad de su hija no le importaba mucho, entonces decidió brindar una gran fiesta de varios días sin invitar a Sati ni a su flamante marido, para que su hija entienda su decisión como un destierro. A Shiva mucho no le importó y se quedo en retiro meditando en su tierra de paz, sin poder convencer a su amada de la inutilidad de asistir a tal evento, pero respetando su decisión de ir. Sati insistió en viajar al banquete porque era su padre quien lo organizaba, y no se iba a asumir expulsada de su historia. Todo lo que hizo su padre durante el encuentro fue utilizar la nobleza de sus súbditos para burlarse de su hija y su compañero, ridiculizar su matrimonio y su nueva vida. Terriblemente dolida y furiosa -porque ella era su hija-, Sati se retiro y su propia

ira la envolvió en llamas. ( Aquí es conveniente señalar que al acto de inmolarse en la pira funeraria del marido cuando fallece lamentablemente tiene en India una tradición ritual, que estuvo vigente hasta su abolición en 1829 por un lord inglés, aunque esto no impidió que algunas mujeres lo sigan ejecutando. Este rito es conocido como “Sati” en alusión a esta leyenda.)(3)

Este relato continua anudado por la cadena de reacciones al mejor estilo Shakespeariano: cuando Shiva tomó conocimiento de lo que le había sucedido a su mujer amada, se sumió en una profunda tristeza. Pero rápidamente este dolor se transformó en ira y envuelto en ese estado arrancó enojado uno de sus mechones y lo arrojó a la tierra del cual nació enérgicamente el héroe Virabhadra. Fue este avatar de Shiva quien tomó partido por él en los acontecimientos venideros, representados estos por las tres posturas que conocemos como Virabhadrasana I, II y III.(4). Virabhadra es quien, conducido por el deseo de venganza y de justicia que Shiva no pudo controlar, se presentó en la fiesta ante su adversario, localizó su objetivo que era quien tanto dolor causara a su amo y sin distraerse de su objetivo, encuentró el momento justo para avanzar con sus dos espadas y decapitar al rey Daksha.

Las imágenes de la literatura hindú no tienen la misma armonía o pulcritud con que estamos acostumbrados en Occidente a ilustrar las posturas y ocultar la guerra, y plasman genuinamente la violencia de los hechos. No olvidemos que en estos movimientos la creación de Shiva mata, decapita, destruye y venga la muerte de Sati . Lo que representamos con las ásanas propone una armonía interior que nos sirve para combatir estos impulsos destructores del ego y puede interpretarse según la historia:

En Virabhadrasana I: el guerrero se encuentra con Daksha al emerger de la tierra con sus dos espadas en alto;

En Virabhadrasana II: el guerrero se prepara para la lucha concentrado en la visión de su objetivo pero prudente a lo que pasa por detrás y alrededor,

En Virabhadrásana III: confluyen todas sus destrezas, fuerza, flexibilidad y equilibrio para avanzar y consumar su objetivo de venganza. (2)

Pero Virabhadra proviene de Shiva, sus actos no pueden centrarse en la sed de venganza: Shiva destruye para crear. ¿A quién representa Daksha en esta historia, con tanto control, seguridad, reglas y tradición, certeza de estar haciendo las cosas bien y necesidad de ser obedecido y reconocido? Daksha es el Ego, el único capaz de despertar la violencia por justicia o venganza, por redimir el dolor por transformar “la realidad” de maya, la ilusión. El Ego que nos da la individualidad se vuelve enemigo y solo Shiva puede transformar nuestra lucha en algo nuevo y evolutivo. Estamos en evolución constante, mujeres y hombres, con el apoyo de las fuerzas de la naturaleza, las fluctuaciones de nuestra mente y el constante movimiento hacia adentro y hacia afuera de la Unión.

Finalmente, Virabhadra se restituyó en Shiva, más sereno pero arrepentido por su violenta manera de actuar y sintiendose nuevamente en sí fue en busca del cuerpo decapitado de Daksha . Su dolor estaba entonces vacío de odio y lleno de compasión -tan clara esta sensación ¡qué difícil darnos cuenta a tiempo cuando somos conducidos por la ira o el dolor en nuestros actos! ¡Que gran lucha en la que participamos a diario!- Shiva tiene el don de ser un dios, "el más poderoso del panteón hindú" y como tal puede colocarle una cabeza de chivo a Daksha y devolverle la vida concluyendo genuinamente una historia mitológica de India.

No somos dioses; vos, yo, somos seres humanos ... y si llegaste a leer hasta acá seguramente compartís conmigo las ganas de aprender y las ansias de evolucionar . Habrá que dominar a nuestros Virabhadras.

Gracias por leer...

Fuentes:

  1. Kalidasa : Kumarasambhava . El origen de Kumara

2. Raquel Sanz, Satkara Yoga Studio

3 . WIKIPEDIA https://es.wikipedia.org/wiki/Sat%C3%AD_(ritual)

4. https://www.vitonica.com

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